martes, 1 de noviembre de 2011

Un paseo por Tazones

- ¡Se lo lleva el agua! ¡Se lo lleva!

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- Como no venga pronto el dueño...
- ¡A quién se le ocurre aparcar ahí! Si sigue subiendo la marea, queda sin coche.
- Tará n'algún chigre y nun s'acuerda onde aparcó.

Con esto me econtré el domingo por la tarde al llegar a Tazones, (Villaviciosa). Fue el entretenimiento de lugareños y foriatos durante un buen rato, esperando, con morbo, que la marea subiese aún más para arrastrar al utilitario al fondo del mar. Minutos de incertidumbre y por fin llegaron los dueños, con cara de tar fartucos. Los espectadores aplaudieron la llegada del chófer, pero sus caras decían "joputa, nos jodiste el entretenimiento, la anécdota y la grabación pa'l Youtube".

Pues esto ocurrió la tarde del pasado domingo, primer día postcambio horario. Me puse en marcha hacia las cuatro de la tarde con la churri de paquete, desde Gijón. Sabedor de que me reñiría en cada curva, atajé unos kilómetros por la autovía, hasta salir por Arroes. Las primeras rectas, bien, además despacio porque había algo de tráfico delante. En cuanto llegamos a la primera curva, empezaba a escuchar "grititos". Ni caso. Luego empezaron las palmaditas en la patuca. Después más gritos, más palmaditas. Total, que antes de que se desquiciara acabé pasando muchas curvas a 40. Ayssss, qué muyer, si no fuese por los mimos que me da...

Mientras el coche agonizaba a la espera de su propietario, nos dimos una vuelta por el pueblo que, según parece, fue el primero que pisó Carlos I a su llegada a España. La efeméride se celebra ahora cada año en agosto, en las fiestas de San Roque. Un par de años después, por el buen trato recibido, Carlos I concedió sus armas al concejo de Villaviciosa, por eso su escudo es tan "imperial".

Unas fotos para amenizar el paseo:

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Ya con la noche encima, nos acercamos hasta el faro, al que se llega por una carreteruca entre casinas y que está llena de cucho. Allí había un par de motos que ya había visto pasar por Tazones. Una de ellas, una Royal Enfield, preciosa, que me quedé fisgando y babeando buen un rato.

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Y a eso de las siete menos algo, vuelta a casa, pero con intención de volver otro día, con más tiempo, a darnos un buen homenaje gastronómico, porque el sitio lo merece.

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Un saludín. ¡Que vos preste!